México aumentó 96% la inversión nominal en niñas y niños menores de seis años entre 2018 y 2025. Sin embargo, el incremento todavía no se traduce en una participación suficiente dentro del gasto público: en 2025, estos recursos representaron apenas 2.53% del gasto público total y 0.61% del Producto Interno Bruto (PIB).
El contraste coloca sobre la mesa uno de los principales retos para la política pública dirigida a la primera infancia: no basta con aumentar el presupuesto; también es necesario garantizar que los recursos sean suficientes, sostenibles, identificables y se traduzcan en resultados concretos.
El presupuesto casi se duplicó en siete años
Entre 2018 y 2025, el presupuesto ejercido en primera infancia pasó de 110 mil 758 millones a 216 mil 560 millones de pesos.
Esto representa un incremento nominal acumulado de 96%, equivalente a 105 mil 802 millones de pesos adicionales.
Al considerar el efecto de la inflación, el crecimiento fue de 41% en términos reales.
El aumento se registró durante seis años consecutivos, de acuerdo con información elaborada por el Pacto por la Primera Infancia a partir de las Cuentas Públicas Federales de 2018 a 2025.

Pero el crecimiento presupuestal tiene otra lectura cuando se observa su peso dentro del gasto nacional.
Solo 2.53% del gasto público
En 2025, la inversión destinada a niñas y niños menores de seis años representó 2.53% del gasto público total y 3.6% del gasto social.
La proporción también resulta limitada frente al tamaño de la economía. Ese mismo año, la inversión en primera infancia equivalió apenas a 0.61% del PIB.
El dato adquiere mayor relevancia al compararlo con otros países de América Latina incluidos en el análisis. En esas naciones, la inversión en primera infancia representa entre 0.5% y 1.6% del PIB.
En otras palabras, México ha incrementado los recursos, pero todavía enfrenta el reto de convertir ese crecimiento en una inversión suficiente y estratégica.
El contraste con pensiones
Las cifras también permiten dimensionar el reto presupuestario frente a otros grandes componentes del gasto público.
Mientras la inversión en primera infancia representó 2.53% del gasto público total en 2025, el gasto en pensiones y jubilaciones alcanzó 1.63 billones de pesos, equivalentes al 25.09% del gasto programable del Presupuesto de Egresos de la Federación.
El planteamiento no busca colocar una prioridad frente a otra. El propio análisis advierte que se trata de dimensionar la diferencia presupuestaria y el margen que existe para fortalecer gradualmente la inversión durante los primeros años de vida.
El reto: pasar de los compromisos al presupuesto
México cuenta actualmente con distintas políticas y estrategias orientadas al desarrollo integral de la primera infancia.
Entre ellas se encuentran la visión de una “República de y para las niñas y los niños” incorporada al Plan Nacional de Desarrollo 2025-2030, la Estrategia Nacional de Atención a la Primera Infancia (ENAPI) 2026-2030, el programa para los primeros mil días de cuidado y la estrategia Nutriendo Futuros Saludables.
A esta agenda se suman la construcción progresiva del Sistema Nacional de Cuidados y el compromiso de crear más de mil Centros de Educación y Cuidado Infantil.
El desafío está en que estos compromisos cuenten con recursos públicos suficientes, identificables, coordinados entre instituciones y orientados a resultados.
De acuerdo con el planteamiento presentado por el Pacto por la Primera Infancia, la asignación y ejercicio de estos recursos deben responder a criterios de legalidad, eficiencia, eficacia, economía, transparencia, control, rendición de cuentas y equidad de género.
Vigilar cuánto se asigna y cuánto se ejerce
Para dar seguimiento a los recursos destinados a este sector de la población, el Pacto por la Primera Infancia creó el Observatorio Presupuestal en Primera Infancia.
El instrumento monitorea los recursos destinados a niñas y niños menores de seis años y analiza, de manera anual y trimestral, la evolución del presupuesto asignado, modificado y ejercido de nueve programas vinculados con la Ruta Integral de Atenciones.
El objetivo es generar evidencia y permitir que la ciudadanía, legisladores y tomadores de decisiones conozcan cómo evolucionan los recursos destinados a la primera infancia.
Porque una cosa es anunciar una inversión y otra es comprobar cuánto dinero se asignó, cuánto se modificó y cuánto terminó ejerciéndose.
Una jornada para definir prioridades
En este contexto, este 10 de agosto de 2026, la Ciudad de México será sede de la 6ª Jornada Nacional de Inversión en Primera Infancia.
El encuentro reunirá a representantes del Gobierno de México, gobiernos estatales, Poder Legislativo, organismos internacionales, organizaciones de la sociedad civil, sector privado y medios de comunicación.
La discusión se centrará en las prioridades presupuestarias y en la necesidad de mejorar la planeación, trazabilidad, coordinación y evaluación de los recursos destinados a la primera infancia.
También se realizarán mesas de cocreación para definir prioridades nacionales, identificar acciones costo-efectivas y construir una hoja de ruta para fortalecer la coordinación multisectorial y movilizar recursos.
El dinero debe convertirse en resultados
Los trabajos de la jornada también contribuirán a preparar la participación de México en la 1ª Cumbre Latinoamericana de Inversión en Primera Infancia 2026, que se realizará del 10 al 12 de noviembre en la Ciudad de México.
La discusión parte de una premisa central: el presupuesto no es un fin en sí mismo, sino una herramienta para garantizar el bienestar y desarrollo integral de niñas y niños.
Esto implica que la inversión debe reflejarse en acceso oportuno a salud, nutrición, cuidados, educación, protección y oportunidades de desarrollo.
El aumento de 96% registrado entre 2018 y 2025 representa un avance en términos presupuestales. Sin embargo, los propios datos muestran que el crecimiento todavía no es suficiente para convertir la primera infancia en una prioridad presupuestaria con el alcance que requiere.
El desafío ahora no es solamente invertir más, sino saber cuánto se destina, dónde se ejerce, cómo se coordina y qué resultados produce.

por