El envejecimiento de la población migrante mexicana en Estados Unidos y casi una década sin migración neta positiva comienzan a reflejarse en un menor dinamismo de las remesas hacia México, un fenómeno que marca un punto de inflexión tras años de crecimientos históricos.
Durante los últimos diez años, México dejó de registrar un flujo migratorio neto positivo hacia Estados Unidos. Lejos de ser un dato demográfico aislado, esta ausencia —estimada en una reducción de alrededor de medio millón de personas— modificó de manera profunda el perfil del migrante mexicano y hoy impacta directamente en el envío de remesas, que en 2025 ya muestra caídas relevantes.
Fin de un ciclo de crecimiento acelerado
El escenario contrasta con el auge observado en la última década. En 2021, las remesas crecieron 25.9% anual, al alcanzar 52 mil 523 millones de dólares, y en 2024 marcaron un récord histórico de 64 mil 745 millones de dólares. Sin embargo, las proyecciones para 2026 apuntan a un monto cercano a 60 mil millones de dólares, lo que confirma una tendencia de desaceleración.
A este contexto se suma el endurecimiento del discurso y de las políticas antiinmigrantes del gobierno de Donald Trump, que refuerzan un entorno poco favorable para la recuperación del dinamismo observado en años recientes.
Migrantes más viejos, menos remesas
De acuerdo con el estudio del Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos (Cemla), titulado La demografía del grupo migratorio mexicano en Estados Unidos y el ingreso por remesas, la falta de nueva migración provocó un envejecimiento acelerado de la población mexicana en ese país.
La mediana de edad pasó de 35.1 años en 2007, a 41.4 años en 2015, y alcanzó 47.4 años en 2024, con un incremento promedio anual de 0.7 años. Este cambio redujo el peso del segmento con mayor participación laboral y mayor intensidad en el envío de remesas.
El documento advierte que el porcentaje de migrantes mexicanos de 55 años o más aumentó de 12% en 2007 a 31.6% en 2024, mientras que la proporción de personas con alguna discapacidad se elevó de 7.6% a 11.6% en el mismo periodo.
Menor participación laboral y menores ingresos
El envejecimiento también impacta en la estructura del mercado laboral. En la población en edad de trabajar, el segmento de 56 años o más pasó de 13.7% en 2010 a 30.1% en 2024. En la población económicamente activa, su participación creció de 7.9% a 20.4%.
El Cemla subraya que, en el ciclo de vida laboral, las remuneraciones promedio tienden a disminuir a partir de ciertas edades, lo que reduce la capacidad de envío de recursos a México.
El ciclo de vida del envío de remesas
El estudio identifica un patrón claro: el envío de remesas aumenta con la edad hasta cierto punto y luego cae de forma pronunciada. Mientras que 66.3% de los migrantes de 25 años o menos envían remesas, el porcentaje sube a 75.3% entre quienes tienen 46 a 50 años.
A partir de ahí, la caída es acelerada. En el grupo de 66 años o más, solo 46.2% continúa enviando recursos a México.
Este comportamiento se explica por la reducción de la participación laboral, menores ingresos, el debilitamiento de los vínculos familiares en México y, en muchos casos, por la muerte de familiares que antes eran receptores de remesas.
Cambia el perfil de los destinatarios
Otro factor clave es la transformación en el perfil de quienes reciben las remesas. Tradicionalmente, las madres de los migrantes han sido las principales destinatarias, lo que explicaba el fuerte componente estacional del mes de mayo.
No obstante, datos del Banco de México muestran que en la última década se redujo la estacionalidad de las remesas en mayo, lo que el Cemla asocia al envejecimiento del migrante y a la disminución del porcentaje de personas que aún tienen madre o padre vivos.
El documento es claro: a partir de los 56 años del migrante, el envío de remesas decrece de manera significativa.
Factores que explican la caída por estado
En 2024, el porcentaje del ingreso que los migrantes mexicanos envían como remesas desde 24 estados de Estados Unidos depende de una combinación de variables demográficas y económicas:
- Mayor envío en estados con más migrantes de 18 a 54 años.
- Menor envío donde predomina la población migrante de 55 años o más.
- Reducción del envío conforme aumenta la mediana de edad.
- Mayor proporción de remesas donde hay más participación en la fuerza laboral.
- Menor envío cuando crece el porcentaje de migrantes con discapacidad.
- Mayor envío cuando la migración es más reciente y menor cuando predomina la llegada previa al año 2000.
- Reducción del envío en hogares que pagan hipoteca.
- Menor proporción de remesas entre migrantes que ya cuentan con ciudadanía estadounidense.
Un escenario restrictivo a futuro
El Cemla concluye que estos factores están estrechamente relacionados y que los cambios demográficos del migrante mexicano en Estados Unidos no favorecen un crecimiento marginal de las remesas como el observado en años previos.
Con una migración futura más restrictiva y una población migrante cada vez más envejecida, México enfrenta el cierre de un ciclo: el de las remesas como motor de crecimiento sostenido, al menos bajo las condiciones que marcaron la última década.

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