Por: Aline Suárez del Real Islas
En México, el castigo corporal y el trato humillante a niñas, niños y adolescentes está prohibido por ley desde enero de 2021. La reforma a la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes y al Código Civil Federal marcó un cambio importante, pero aún enfrenta retos para garantizar un desarrollo saludable en la primera infancia.
Hasta ahora, Ciudad de México, Jalisco, Veracruz, Sinaloa, Oaxaca, Durango, Tamaulipas, Estado de México y Puebla han homologado sus leyes a esta reforma, conocida popularmente como “Ley antichancla”, en alusión a la práctica de disciplinar con este objeto en los hogares mexicanos.
La modificación al artículo 105 de la Ley General de Protección a Niñas, Niños y Adolescentes responde al llamado de UNICEF para eliminar los castigos corporales y tratos humillantes como medios correctivos.
El 11 de enero de 2021, se publicó en el Diario Oficial de la Federación la prohibición de estos actos, definiendo como castigo corporal el uso de fuerza física que cause dolor o malestar, aunque sea leve. Esto incluye golpes, empujones, pellizcos, mordidas, tirones de cabello o de orejas, posturas forzadas, quemaduras o ingesta de alimentos hirviendo.
“La violencia contra niños, niñas y adolescentes muchas veces encuentra formas tan simples como un manotazo, una nalgada o un grito, y se justifica como una forma normal de disciplina, pero no lo es; cada una de estas manifestaciones tiene un impacto negativo en el desarrollo y la autoestima”, advierte UNICEF.
Cultura del castigo corporal en México
De acuerdo con cifras de UNICEF, 6 de cada 10 niñas, niños y adolescentes han sufrido métodos de disciplina violentos por parte de madres, padres, cuidadores o maestros.
Graciela Herrera, de 67 años, recuerda:
“A mí y a mis seis hermanos nos tenían bien controlados con el cinturón y la chancla. La vez que más me dolió fue cuando mi papá me dio con la hebilla del cinturón porque me fui a jugar en vez de regresar a casa. Me salió sangre y fue frente a mis compañeros”.
Aunque reconoce que en su crianza los golpes eran comunes, también dice que con sus tres hijos solo usó nalgadas y chanclazos leves.
Para Gaudencio Rodríguez Juárez, psicólogo colaborador en la Fundación América por la Infancia, la resistencia a erradicar esta práctica está en la normalización:
“Se confunde con educación y disciplina, y no se llama maltrato o violencia. Esa normalización sigue lastimando a niñas y niños en la crianza cotidiana”.
Una ley vigente, pero con resistencias
Los estados tenían la tarea de homologar la ley tras su aprobación. Los últimos en hacerlo fueron el Estado de México y Puebla.
Para Verónica Juárez, ex presidenta de la Comisión de Derechos de la Niñez en la Cámara de Diputados, el mensaje es claro:
“Las niñas, niños y adolescentes son sujetos de derecho. El Estado debe protegerlos, crear mecanismos para identificar la violencia y actuar en consecuencia”.
Sin embargo, madres y padres como Ana Lilia Gómez, de 37 años, perciben la medida como una intromisión:
“Es un asunto de cada familia. Mientras no sea un golpe grave, no creo que deba castigarse a los padres”.
De manera similar, Isabel Sandoval, madre en el Estado de México, opina:
“Casi todos los papás han dado una nalgada. No creo que el Estado deba decirnos cómo educar a nuestros hijos”.
La resistencia también se evidenció en Puebla, donde la ex diputada Mónica Rodríguez Della Vecchia recuerda que incluso el gobernador calificó la ley como “un exceso”.
Avances y pendientes
Para Tania Ramírez, directora de REDIM, la aprobación fue un paso importante, pero advierte que la reforma no contempla sanciones específicas:
“Urge implementar herramientas de denuncia y sanción, porque hay casos de maltrato que no ponen en riesgo la vida, pero sí causan lesiones. La cultura machista y adultocéntrica mantiene la resistencia”.
Ramírez también subraya que punitivizar no siempre es la solución:
“La prohibición del trabajo infantil, por ejemplo, a veces se tradujo en persecución de las familias. Con esta ley podría pasar lo mismo si no se entiende bien”.
Por eso, especialistas coinciden en que el cambio debe ser cultural y social: promover crianza positiva, generar campañas de información y capacitar a madres y padres.
“Muchos no actúan con dolo, simplemente no conocen otras formas de disciplina. Necesitamos dotarlos de herramientas de crianza positiva, y esa es también tarea del Estado”, sostiene Rodríguez Juárez.
Hacia una generación sin violencia
Organizaciones como UNICEF y colectivos de paternidad responsable, como Papá Alfa, apuntan a que el verdadero objetivo es cambiar el paradigma.
Walter Estrella, de Papá Alfa, lo resume así:
“Estamos en la posibilidad de tener a la primera generación de mexicanos que hayan crecido sin violencia institucionalizada en la familia”.
La Ley antichancla representa un avance legal, pero sobre todo un recordatorio: la violencia nunca debe formar parte de la crianza. El reto ahora es transformar la cultura y acompañar a las familias para que la disciplina se ejerza sin dolor ni humillación.

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