En México, casi la mitad de niñas y niños de 0 a 5 años vive en pobreza por ingresos. Esto significa que habitan en hogares cuyos ingresos familiares no alcanzan para cubrir lo básico, como alimentos, transporte, salud o educación.
De acuerdo con el Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY), con base en datos del INEGI, este indicador pasó de 61.1 % en 2016 a 49.1 % en 2024. Aunque la reducción es importante, representa un avance menor que el observado en el resto de la población.

En la población general, la pobreza por ingresos cayó de 50.8 % a 35.4 % en el mismo periodo. Así, la brecha entre infancia y adultos se amplió: en 2016 era de casi 10 puntos porcentuales y en 2024 alcanzó cerca de 14 puntos.
El panorama se complica al observar la movilidad social. El Informe de Movilidad Social en México 2025, también elaborado por el CEEY, revela que 73 de cada 100 personas nacidas en el 20 % de los hogares más pobres no logran superar la pobreza en la adultez. Es decir, la mayoría permanece atrapada en la misma condición económica.
El CEEY advierte que para romper esta transmisión intergeneracional de la pobreza se requiere una política pública integral: garantizar ingresos suficientes en los hogares donde crece la población infantil, junto con acceso a educación y servicios de salud de calidad.
Además, los datos muestran que la pobreza multidimensional —que combina ingresos y carencias sociales— golpea con más fuerza a los menores de edad.
En 2024 afectó al 41.9 % de los niños de 0 a 5 años, al 39.3 % de los de 6 a 11 años y al 36 % de los adolescentes de 12 a 17 años, todas cifras superiores al promedio nacional.

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