La manera en que hablamos, criamos, resolvemos conflictos o compartimos tareas sigue influyendo en la reproducción de violencias. Para abordar ese origen cotidiano —ese que suele normalizarse sin cuestionarlo—, la directora de Igualdad y Derechos Humanos del Poder Judicial del Estado de México (PJEM), Laura Carolina Noriega Arce, explica por qué hablar de masculinidades dejó de ser una tendencia académica para convertirse en una urgencia social.
En el marco de los 16 Días de Activismo contra la Violencia de Género, Noriega Arce subraya que el foro sobre masculinidades del PJEM es crucial porque “erróneamente se ha pensado que los estudios de género atienden nada más a mujeres víctimas”. El objetivo institucional —insiste— es aplicar la perspectiva de derechos para toda la sociedad, sin confrontaciones ni bandos.
En entrevista con CNX Noticias, Noriega Arce recordó que la cultura patriarcal “no la han creado solo los hombres; la hemos creado hombres y mujeres a lo largo del tiempo y también la hemos perpetuado”.
Subrayó que esta misma cultura impacta negativamente en los hombres, pues les impone estereotipos que limitan su desarrollo emocional, entre ellos la creencia de que no deben llorar o expresar vulnerabilidad.
Violencia silenciosa
Esta dimensión suele pasar desapercibida: la cultura patriarcal también es violenta para los hombres. Esa presión constante por “ser fuerte”, “no sentir” o “probar masculinidad” genera lo que Noriega describe como una violencia silenciosa, que atraviesa la forma en que resuelven conflictos, se relacionan y ejercen roles familiares.
Su mensaje es claro: desmontar estos estereotipos beneficia a toda la sociedad.
¿Por qué hablar de masculinidades importa hoy?
Ante un contexto nacional donde la violencia de género sigue siendo uno de los retos más complejos, Noriega Arce destaca que trabajar masculinidades permite ir al origen de muchos comportamientos normalizados.
“Las violencias no aparecen de un día para otro; están arraigadas en cómo fuimos educados y en lo que consideramos ‘normal’ sobre ser hombre o mujer”.
Para la directora, este enfoque abre la puerta a transformaciones reales en familias, comunidades e instituciones.
La incomodidad masculina y el rechazo inicial
Cuestionada sobre la resistencia de muchos hombres a involucrarse en estos temas, Noriega Arce reconoce que existe un rechazo inicial:
“Cuando hablamos de nuevas formas de ser hombre, muchos sienten que se les juzga o se les quiere imponer algo”.
Aclaró que el objetivo no es culpabilizar, sino abrir espacios donde ellos también puedan hablar de emociones, resolver conflictos sin violencia y participar de forma corresponsable en el hogar.
“La incomodidad no es negativa; es el primer paso para cambiar”.
Evitar la polarización: un reto para la sociedad
Sobre la preocupación de que estos debates generen bandos entre hombres y mujeres, la directora enfatiza que el enfoque del PJEM busca evitar esa división. Las reflexiones sobre género —dice— deben partir de reconocer que las violencias afectan de manera distinta, pero atraviesan a toda la sociedad.
Cuando un hombre se relaciona desde el respeto, la igualdad y la gestión emocional, “gana él, gana su familia y gana la comunidad”, resume.
El papel del Poder Judicial mexiquense
Noriega Arce detalla que el Poder Judicial impulsa capacitaciones, herramientas y espacios de reflexión para su personal, con la finalidad de que la atención en juzgados y tribunales incorpore un enfoque preventivo y de derechos humanos.
El propósito —señala— es que quienes imparten justicia entiendan que cada caso tiene detrás contextos culturales, familiares y emocionales que deben considerarse para prevenir violencias.
¿Qué espera la población de un Poder Judicial que trabaja estos temas?
La ciudadanía —afirma— busca instituciones claras, empáticas y cercanas, capaces de entender la complejidad de los conflictos.
Cuando el Poder Judicial habla de igualdad, de masculinidades y de prevención, “la gente entiende que acompañamos su realidad cotidiana, no actuamos desde lejos”.
¿Cómo empezar a hablar de masculinidades en casa?
La directora ofrece tres acciones simples que pueden iniciar cambios reales:
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Dejar de normalizar que los niños no lloran.
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Repartir tareas sin etiquetas de género.
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Nombrar emociones sin vergüenza.
Son pasos pequeños, pero poderosos: la cultura de paz empieza en lo cotidiano.
Hacia dónde avanzar
Para Noriega Arce, el siguiente paso es consolidar una agenda pública donde las masculinidades sean un pilar para prevenir violencias. Esto implica educación, políticas públicas, espacios comunitarios y participación institucional.
Su mensaje final sintetiza la ruta:
“Si logramos que los hombres se involucren sin sentirse atacados, estamos del otro lado”.

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