El reloj de la torre de la Parroquia de la Santa Veracruz está detenido, congelando una hora que parece anunciar el paso del tiempo para este monumento barroco del siglo XVI. Sus manecillas inmóviles coronan una torre agrietada, donde las cicatrices en la cantera recuerdan un abandono que pesó durante décadas.
Ese deterioro, sin embargo, ya no es el único rostro del templo. Desde hace unas semanas, comenzó la restauración integral de uno de los inmuebles religiosos más antiguos y emblemáticos de Toluca, gracias a donaciones ciudadanas.

Una restauración financiada con donaciones
El alcalde de Toluca, Ricardo Moreno Bastida, informó que la obra no utiliza recursos públicos, ni municipales ni estatales. La intervención avanza con aportaciones voluntarias de ciudadanos y benefactores que buscan preservar este patrimonio.
“No se trata de gasto del erario, sino de contribuciones que permiten devolverle vida a este espacio histórico”, explicó.
El templo más antiguo en pie
Construida en el siglo XVI por la orden franciscana, la Parroquia de la Santa Veracruz es considerada la más antigua en pie en la capital mexiquense.
Durante más de cuatro siglos ha sido escenario de celebraciones religiosas y comunitarias, pero también víctima del desgaste natural y la falta de mantenimiento institucional.

Obras en marcha
Los trabajos ya comenzaron en la fachada y la torre. Se prevé que también se intervengan los interiores y se refuerce la estructura bajo criterios de conservación patrimonial. La expectativa es detener el deterioro y devolverle estabilidad y dignidad al inmueble.
Patrimonio que resiste
Las grietas, el reloj detenido y las paredes desgastadas siguen siendo testigos del abandono, pero ahora también lo son de la respuesta ciudadana. La restauración no solo busca recuperar un templo, sino preservar una parte esencial de la memoria histórica de Toluca.
Mientras los especialistas avanzan en la obra, las manecillas permanecen inmóviles. La promesa es que, al concluir los trabajos, ese reloj vuelva a marcar el tiempo, no ya del abandono, sino del renacimiento de un patrimonio que resistió al silencio de los gobiernos y que ahora revive gracias a su comunidad.

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