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Veneranda Mendoza
Escrito por Veneranda Mendoza

“¿A quién beneficia el crimen?, ése es el autor”: Séneca.

La advertencia del filósofo y político hispanorromano Lucio Anneo Séneca esgrimida en los primeros años d. C. viene a colación en el Estado de México por los acontecimientos de las últimas semanas.

La parte oficial está en su derecho de argüir que se trata de un asunto estrictamente de seguridad, no vinculado con las elecciones, pero coincide con la “época”, por tanto, resulta complicado creer que una cosa no se relaciona con la otra.

Sería como creer que las intensas jornadas de salud, decisiones como la suspensión de multas de tránsito y la operación de 49 programas sociales durante las campañas, entre otras acciones, son circunstanciales en estos momentos.

Entonces, necesariamente, como lo sugiere Séneca, un ciudadano politizado tiene no sólo la capacidad, sino la obligación, de cuestionar a quién beneficia el rumor sobre el supuesto robo de niños en varios municipios del Estado de México, como Ecatepec, Toluca, Tultitlán y Coacalco.

¿A qué organización política, como lo aseguran las autoridades mexiquenses, le interesa sembrar terror en la población con estas acciones, desincentivar el interés por el voto o señalar a algún actor o posible candidato (a)? ¿Por qué?

No a los punteros, a ellos para qué. ¿Quién tiene un complicado escenario del voto en estas demarcaciones? A esos actores es, entonces, a quienes conviene que los ciudadanos no sólo no acudan a las urnas por miedo, sino, incluso, desgastar al adversario o sacarlo de la jugada con estas acusaciones.

Lejos del beneficio político, sin embargo, en este ambiente enrarecido a propósito, lo que debería preocuparnos es el costo social: Damián Canales, secretario de Seguridad “Ciudadana” (no política, asegura); y José Manzur, secretario general de Gobierno, advierten que existe la “intención” de concretar el robo de niños.

En la guerra ¿todo se vale?, ¿incluso, atentar, como se ha advertido, contra los menores? ¡¡¡Esto es lo realmente preocupante!!!

Los funcionarios también reconocen que no tienen testigos sólidos, pues los cuatro que lo saben (un hombre y tres mujeres) tienen miedo a declarar. Tratándose de un tema tan delicado, al que tanto “vuelo” le han dado, ¿no debieran actuar de oficio? ¿No han tenido la capacidad de convencimiento para que estas personas, con información tan valiosa, se conviertan en una especie de “testigos protegidos” o de obligarlos como presuntos cómplices, pues admiten que han participado en la difusión del rumor?

Las autoridades además admiten que las pruebas aún se están recabando y la carpeta de investigación integrando.

Con todos estos elementos endebles, defienden a ultranza que detrás de los hechos hay una organización política y eximen de toda responsabilidad al crimen organizado, como si éste fuera incapaz de semejante bajeza y, por tanto, resultara una pérdida de tiempo abrir una línea de investigación en ese sentido o en otros. ¿La irresponsabilidad no es de estos titulares al asegurarlo sin presentar pruebas?

En esta trama político-electoral, donde lo menos importante es la integridad y la decisión ciudadanas, el clímax se volverá más tangible con el arranque formal de las campañas locales.

Al final, prefiero quedarme con la frase acuñada por el filósofo francés Jean Baptiste Le Rond D`Alembert: “La guerra es el arte de destruir a los hombres, la política es el arte de engañarlos”. Debo confesarlo, hasta ahora no encuentro el límite o la diferencia entre una y otra.

 

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