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Veneranda Mendoza
Escrito por Veneranda Mendoza
El Partido Revolucionario Institucional (PRI), que en estos momentos gobierna la mayoría de los ayuntamientos mexiquenses y detenta también la mayoría en la Legislatura local, pretende hacer y recuperar en seis meses de proceso electoral lo que no concretó en los dos años de gestión previos.
Posiblemente porque casi siempre le da resultado, se olvidó de que los gobiernos, sobre todo las malas administraciones, sufren un desgaste natural de forma cíclica, como ahora está ocurriendo, y prueba fehaciente de ello es la posibilidad real de perder en las urnas municipios numérica y políticamente importantes, como Toluca, Ecatepec, Nezahualcóyotl, Huixquilucan, Naucalpan y Tlalnepantla.
Este en absoluto pretende ser un señalamiento en contra de un instituto político en específico, pues en su momento lo mismo ocurrió con los excesos del Partido Acción Nacional (PAN) en sus corredores azules de los valles de México y Toluca, y del Partido de la Revolución Democrática (PRD) en sus corredores amarillos en el sur y oriente de la entidad que finalmente llevaron al tricolor a recuperar los espacios que había perdido.
Hablamos de los gobiernos tricolores en estos momentos por la configuración política actual.
En toda la entidad, pero fundamentalmente en esas demarcaciones, las administraciones se han vuelto en extremo “generosas” y entregan a manos llenas todos los “apoyos” que no entregaron en los dos años anteriores; así, sin más, sin necesidad de estar afiliado a ninguno de sus programas sociales, sin un estudio socioeconómico previo y con sólo copia de la credencial de elector.
Es también para estos meses cuando se concluyen, entregan e inauguran obras públicas que llevaban meses varadas y “extrañamente” ahora se ponen en marcha con bombo y platillo.
Habría sido más sencillo que los dos años anteriores dirigentes y gobernantes hubiesen trabajado realmente para generar impactos y beneficios ciudadanos, en lugar de que ahora los mismos príistas no sólo incurran en las prácticas señaladas, sino además esparzan el rumor que involucra la posibilidad de la compra de conciencias de los candidatos de oposición en las demarcaciones señaladas desde las más altas esferas políticas.
Por si fuera poco, este partido (también los otros) no aprende la lección y se da el lujo de postular para nuevos cargos de elección popular a aquellos que dejaron en municipios y distritos inconformes con su desempeño a los ciudadanos.
Claro que ésta es una práctica cotidiana en México, que se seguirá repitiendo a pesar de este humilde punto de vista, y que quizá los resultados electorales lo desmientan; uno está dispuesto a correr el riesgo. Al tiempo.

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