Opinión Rúbrica

Campañas: la misma porquería

Aurelio Contreras
Escrito por Aurelio Contreras

A una semana de haber iniciado las campañas electorales con miras a renovar la Cámara de Diputados federal, una primera evaluación arroja un saldo negativo sobre éstas: son la misma porquería de siempre.

Los partidos políticos se han dedicado a denostarse entre sí en lugar de privilegiar propuestas para los electores. Y esto es así porque no tienen propuesta alguna. Están vacíos, sin imaginación, sin ideas y sin nada innovador qué ofrecerle a los ciudadanos.

El PRI pretende colgarse de logros nimios, cuando no inexistentes, del Gobierno Federal. Supuestos decrementos en el costo de algunos servicios, que palidecen ante la crisis económica que amenaza con agravarse en cualquier momento, y que son nada ante la violencia que no cesa en amplias franjas territoriales de todo el país. Demagogia pura, su especialidad.

El PAN no está mejor. Enfoca sus energías en una campaña negra en la que exhibe la presunta corrupción de políticos y funcionarios priistas, sin tomar en cuenta que para tener la lengua larga hay que tener también la cola corta, ya que el PRI le respondió en los mismos términos, exponiendo los vicios y corruptelas en las que han incurrido los panistas.

En el PRD se diluyen lenta y dolorosamente. Sus mensajes de campaña son tan tibios y mediocres como sus dirigentes y candidatos, lo que es aprovechado por el Movimiento de Regeneración Nacional, que está creciendo a costa del derrumbe perredista, pero que tampoco ofrece gran cosa al electorado, pues toda su estrategia de campaña se finca en la figura de su líder real, Andrés Manuel López Obrador, quien no va a aparecer en las boletas el próximo 7 de junio y quien en sí mismo, no representa una propuesta legislativa.

El descaro y la violación reiterada de las leyes parecieran ser la propuesta de campaña del Partido Verde Ecologista de México, que a pesar de las millonarias multas que le ha impuesto el Instituto Nacional Electoral por sus prácticas ilegales, que incluyen el uso indebido de los datos personales de los ciudadanos registrados en el padrón electoral, parece no inmutarse y sigue comportándose exactamente de la misma manera, protegido por el régimen al que sirve.

Los minipartidos sólo tienen un objetivo en estas elecciones: mantener el registro para seguir pegados a la llave del presupuesto y las prerrogativas. Así que recurren lo mismo a melodías pegajosas que a encendidas arengas sociales y hasta se presentan a sí mismos como ciudadanos no políticos. De la falsedad a la frivolidad en un segundo.

Los candidatos independientes representan un interesante experimento para medir hasta dónde puede crecer la expectativa de los electores por esta figura. Pero lo cierto es que son candidaturas meramente testimoniales, condenadas desde su origen a contender en condiciones inequitativas respecto de los partidos políticos tradicionales, y que por ende, no tienen posibilidad real de triunfo, salvo contadísimas excepciones.

Si a todo lo anterior le sumamos que tradicionalmente las elecciones federales intermedias despiertan poco interés entre los votantes, que no se sienten atraídos por invertir unos minutos de un domingo de verano para elegir representantes populares que ni los representan ni son populares en realidad, no es de extrañar que se espere un índice de abstencionismo cercano al 60 por ciento, lo que de suyo hace de las elecciones una broma macabra.

Una broma que nos cuesta a los mexicanos cerca de 19 mil millones de pesos, que es el presupuesto del Instituto Nacional Electoral para 2015, de los cuales, más de cinco mil millones se van en las prerrogativas de esos partidos políticos que no proponen nada para sacar a México del atolladero.

Al contrario. Se comportan como si quisieran hundirlo más.

 

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